27 dic. 2011

Los perros del paraíso: la lectura


Me sorprende que Posse en este libro haga muchas más alusiones al presente, a lo contemporáneo a través de las adjetivaciones (por ejemplo) y en los comentarios en la narración que son en su mayoría anacrónicos; en comparación con El largo atardecer del caminante. Reparo en esto porque mi lectura es diferente. Creo que como recurso genera una recepción especial: es sorprendente como el mismo autor puede generar impactos distintos entre una escritura y otra.

Hay un libro de Łukasz Grützmacher (¿El descubridor descubierto o inventado?) que habla de este tema, entre otros que tienen que ver con la estructura y la forma narrativa, en un análisis completo de la novela.

El erotismo sigue siendo una de los puntos fuertes de Posse. La fuerza de los papeles femeninos también. Tengo el libro a mi lado, con un señalador que deja las primeras tres cuartas partes ya leídas, discriminadas del resto que aún no descubro.

Las lecturas por placer siguen, sin lugar a dudas, un hilo de intereses que tienen que ver con la formación que recibo en el profesorado, pero poder escribir estas líneas sin reparar en lo mucho que podría añadir, es un alivio: no podría expresar en ningún trabajo práctico (aunque sí en uno de esos finales orales, donde ya digo casi todo lo que pasa por mi mente) que las novelas históricas modernas, como ésta, me hacen pensar y sentir cada pasaje. Soy de interrumpir la lectura para meditar y ponerme en el lugar del personaje en cuestión, para darme cuenta unos minutos más tarde de lo me que pasó (de todo lo que le agregué al texto con la imaginación) y proseguir la lectura.

Para leer análisis de esta novela:



26 dic. 2011

Poemas hispanoamericanos: Rubén Darío

Rubén Darío - Cantos de vida y esperanza


Análisis del poema: Yo soy aquel

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
Rubén Darío

A José Enrique Rodó

I
Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo dieciocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinitas.

Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud... ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan la fragancia...
una fragancia de melancolía...

Potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó de mármol y era carne viva;
un alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida, ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de "te adoro", de "¡ay!" y de suspiro.

Y entonces era en la dulzaina un juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de notas del Pan griego
y un desgranar de músicas latinas.

Con aire tal y con ardor tan vivo,
que a la estatua nacían de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina
me encantó la marquesa varleniana,
y así juntaba a la pasión divina
una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
Si hay un alma sincera, ésa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fue el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por la gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libré de pensar bajo,
bañó el agua castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
fuente cuyo virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.

Perla de ensueño y música amorosa
en la cúpula en flor del laurel verde,
Hipsipila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón muerde.

Allí va el dios en celo tras la hembra,
y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El Arte puro como Cristo exclama:
¡Ego sum lux et veritas et vita!

Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente;
de desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye de ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horro de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor ¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol ¡toda la lira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
si triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... ¡la caravana pasa!

http://bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaLatinoamericana/Dario/poesia/yosoyaquel.asp

El yo poético coincide con el autor que repasa su obra literaria, mencionando sus libros y las características modernas que se pueden observar en sus poemas. Comienza recordando sus obras de juventud. Mediante metáforas que aluden a la naturaleza describe a su forma de escritura equilibrada y de gran belleza. Reconoce influencias de Victor Hugo, poeta francés romántico y de Paul Verlaine, también francés, escritor de poesía simbolista (reaccionaria al naturalismo y realismo).

La juventud del poeta moderna tiene la fuerza de un potro, y si no cae por la desmesura es por la voluntad de Dios. La repetición fónica en el verso “sentimental, sensible, sensitiva” realiza la significación de los epítetos a su poesía.

El alma joven solía también encerrarse, para luego salir en primavera. Le encanta las figuras de Galatea, “Ninfa, de Doris hija, la más bella” según los versos de Luis de Góngora y Argote y de la maquesa, figura de los poemas del ya mencionado Verlaine. Busca la sensación pura, natural y sincera para volcar en sus versos. Menciona su deseo de encerrarse en la torre de marfil, dentro de sí mismo, en su amargura. El arte es lo que lo melifica, lo endulza.

La naturaleza, específicamente la selva, le devuelve su armonía. El yo poético menciona a Piquis y Filomela, personajes míticos de la Grecia Antigua, para aludir a sus historias de amor y a las complicaciones que sufrieron. Hipsípila completa el cuadro de historias griegas. Su vida también está llena de dificultades. Cuando brota la armonía, no queda más que desnudarse y temblar de deseo y fiebre santa. El arte es salvación como Cristo, la metáfora afirma que como él es luz, verdad y vida; mantiene encendida la llama interior que es infinita. El intento del yo poético es lograr el equilibrio entre la tranquilidad y la fortaleza, entre el éxtasis de la creación a través de las palabras y el fuego interior del poeta.

Poemas hispanoamericanos: Redondillas de Sor Juana

Sor Juana Inés de la Cruz


Análisis de sus redondillas


Sor Juana Inés de la Cruz escribe redondillas junto a otras formas de poesía como sonetos, romances, décimas y liras, endechas, glosas, quintillas, ovillejos amorosos, religiosos, filosóficos y satíricos, numerosos romances y villancicos.

Hombres necios que acusáis... es una redondilla que está compuesta por diecisiete estrofas de cuatro versos octosílabos cada una. La rima es asonante dispuesta del siguiente modo: ABBA.

El tema del poema es la crítica a la actitud del hombre frente a la mujer. Los hombres rechazan a las mujeres que comenten pecado carnal tanto como las que muestran una actitud casta al entregarse al acto sexual.

Sor Juana acusa al hombre de ser partícipe y causa de los pecados femeninos desde la primera estrofa. En una pregunta que encierra el tema de la redondilla exclama el yo poético: “¿por qué quereis que obren bien si las incitáis al mal?”#.

Como expresión barroca, es necesario aclarar que durante este periodo la literatura sintetizó su producción en dos corrientes: el culteranismo y el conceptismo. Sor Juana Inés de la Cruz permite analizar en su obra las características de las dos corrientes. La Real Academia Española, en su Diccionario, dice que el culteranismo "consiste en no expresar con naturalidad y sencillez los conceptos, sino falsa y amaneradamente por medio de voces peregrinas, giros rebuscados y violentos y estilo oscuro y afectado". La corriente tiene características especiales sobre el uso del lenguaje: El léxico se renueva, el vocabulario se enriquece por la introducción de innumerables términos no usados hasta entonces. Tales términos son tomados del latín principalmente. En la redondilla analizada de Sor Juana , por ejemplo, introduce la palabra denuedo# en la estrofa cuarta que habla de la valentía del hombre que parece loco al tentar a la mujer y luego levantar quejas sobre lo que ella se atreve a hacer. Esto último es expresado a través de una metáfora en los dos últimos versos: “Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

el niño que pone el coco

y luego le tiene miedo”.

Las alusiones mitológicas son recurrentes. Con el renacimiento, dioses, ninfas, héroes, y toda clase de personajes del mundo grecolatino invaden la lírica y estas expresiones continúan vivas durante el barroco. En Sor Juana, dos son los personajes del mundo griego y romano que, aunque son humanas, representan la cosmovisión de estos pueblos: Thais y Lucrecia. La primera representa el pecado, la tentación de la carne y el libertinaje que se vive durante las fiestas y banquetes. La segunda, representa la castidad, la bondad, la hermosura y el recato.

Para pretender, los hombres pretenden a mujeres como Thais, pero a la hora del compromiso, una mujer como Lucrecia es lo que eligen. Sor Juana manifiesta su disconformidad con estas actitudes al reiterar la palabra “necios” para llamar a los hombres:

“Queréis, con presunción necia,

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Thais,

y en la posesión, Lucrecia”.

La metáfora es muy utilizada. Los culteranos se refieren a la poesía estrictamente literaria, que consiste en trasladar un término de su primera y más directa significación a otra que no es suya propia. En el ejemplo que a continuación se ofrece, el espejo es símbolo de la virtud de la mujer: su virginidad:

“¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo,

y siente que no esté claro?”

desde la séptima estrofa y hasta la novena reitera que es igual la actitud de los hombres ante mujeres que acceden al “favor” o demuestran “desdén” y el yo poético se muestra quejumbroso del empeño masculino es quejarse si se los trata mal o burlarse si se los quiere bien. Así lo escribió Sor Juana:

“Con el favor y desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.


Siempre tan necios andáis

que, con desigual nivel,

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.


¿Pues como ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

si la que es ingrata, ofende,

y la que es fácil, enfada?”

En la décima estrofa el yo poético insiste en que la mujer que rechaza ofende al hombre pero la que lo acepta es fácil. Los hombre se enojan pero son los que hacen que la mujer sea “liviana”.
Con esta adjetivación continua la siguiente estrofa:
Son las mujeres livianas quienes causan enfado. Las que rechazan a los hombres causan pena. Son ellos quienes se quejan pero es preferible que la mujer rechace al hombre. Ellas son mejores si continúan puras:

“Mas, entre el enfado y pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y quejaos en hora buena.


Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas,

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas”.

En la estrofa décimo segunda, el yo poético culpa al hombre por rogar a la mujer que se entregue al sexo. Ella es la que cae rogada en una pasión errada ante el que ruega de caído.

“¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada:

la que cae de rogada,

o el que ruega de caído?”

Esta pregunta se intensifica en los siguientes ocho versos. Es retórica, pretende culpar al hombre por los pecados cometidos:

“¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga,

o el que paga por pecar?”


Pues ¿para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis”.

Se solicita que el hombre sea quien deje de pedir “favores” a las mujeres para que pueda ser castigada con razón aquella que busque amores y solicite a los hombres.

“Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar”.

El hombre es pecador, y fundada es la opinión del yo poético que afirma que la arrogancia lleva con promesas a juntar los pecados (mencionados a través del diablo), el amor carnal (la carne) y las banalidades (en el mundo).

“Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo”.



Poemas hispanoamericanos: José Santos Chocano

José Santos Chocano

Análisis del poema:


BLASÓN


Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con vaivén pausado de hamaca tropical...

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el coloniaje
parecen mis estrofas trompetas de cristal.

Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el león, de oro,
y las dos castas fundo con épico fragor.

La sangre es española e incaico es el latido;
y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido
un blanco aventurero o un indio emperador.



El poema de José Santos Chocano trata del encuentro de dos culturas en una persona que siente fuerte pertenencia al suelo americano pero que sabe que en su sangre corre la tradición española heredada.

Se eligió este poema como representante del movimiento romántico en América por tener como temas la identidad del hombre y la búsqueda de lo originario. De manera particular menciona a la religión inca, a la región andina como paisaje americano y al coloniaje español.

El yo poético rinde culto al dios Sol, por su origen inca, pero cuando se siente hispano escribe y su poema expresa con delicada sonoridad sus sentimientos, como lo afirma en la metáfora que menciona a sus estrofas como “trompetas de cristal”.

Su raíces provienen de una casta mora pero también de la tierra andina. El verso menciona a la plata como símbolo americano (el metal ha sido buscado y encontrado en la zona) y al oro y al león como símbolos castellanos (el oro es la riqueza más grande para el español, y el león es símbolo de fuerza en sus escudos heráldicos). El yo poético afirma que puede fundir con “épico fragor” o extraordinaria fuerza estas dos castas. La épica incluye la aventura, que se menciona más adelante por el yo poético. De no ser poeta, afirma, sería un blanco aventurero (en busca de riquezas) o un indio emperador, figura con alto poderío en su tierra. Ambas figuras simbolizan el honor y el poder en cada casta.