26 jun. 2011

“Cuando me faltan datos los cubro con ficción”

Ana María Cabrera* sumó a sus biografías noveladas de mujeres de nuestra historia la de Macacha Güemes

Cabrera: «Lo mío no es novela histórica. Si bien el disparador es un hecho histórico, el relato no tiene el rigor de la profusamente documentado. Me pasó con mi novela sobre Felicitas Guerrero, que creyeron que era historia y no es así».

Fue una espía criolla que se travestía de gaucho para pasar a campo enemigo, una dama de la aristocracia salteña que daba fiestas para conseguir confesiones de los militares realistas, una mujer capaz de convertirse en la «madrecita del pobrerío», acaso por eso se la sigue llamando por su apodo a «la Macacha», aunque fuera María Magdalena Güemes, la hermana de Martín Miguel de Güemes, que siguió con fraternal compromiso los idearios del «Héroe gaucho» hasta sus últimos días. Ana María Cabrera, profesora y master de Literatura por la University of California Los Angeles (U.C.L.A.) sale en busca de la vida de«Macacha Güemes», en el libro que acaba de publicar Emecé, como antes lo hizo con la historia de Felicitas Guerrero, Cristián Demaría, yRegina Pacini y Marcelo T. de Alvear. Dialogamos con la autora.

P.: ¿Cómo hace para rastrear la historia, muy poco escrita, de las famosa hermana de Güemes?

Ana María Cabrera: Dado que no hay una historia oficial de Macacha Güemes, eso me permite ficcionar. Martín Miguel de Güemesmuere muy joven, a los 36 años, Macacha lo sobrevivió 45 años y siguió con las ideas de él. Tanto ella como su madre, encabezando sublevaciones y revoluciones. Sin embargo en las páginas de la Historia aparece apenas como hermana del prócer. Rastreando un poco se descubre que, sin embargo, tuvo un papel fundamental en el combate contra el ejército realista, que recorrió Salta llevando comida y ropa a los pobres, que se dedicó a reunir información que entregaba a los patriotas, que instruyó a otras mujeres para que fueran espías como ella. Se reúne con mujeres de todas las clases, con patricias, con esclavas, con aborígenes, no hace diferencias, lo importante es detener al enemigo que avanza desde el Alto Perú, cuidarnos las espaldas de los realistas invasores. A todo eso le ayuda el ser inteligente, bella y seductora.

P.: No fue la única mujer que actuara de ese modo.

A.M.C.: En el norte del territorio la lucha de las mujeres fue fundamental. En mi novela no sólo aparece Macacha, también cuento de Juana Azurduy, de María Magdalena Goyechea la madre de Macacha, de María Loreto Sánchez que se disfrazaba de india, se sentaba en los portales a vender pasteles para espiar y luego darle a los patriotas información de los planes de los realistas. Y muchas otras que se jugaban la vida por la causa de la emancipación nacional, había damas y sirvientas, cultas y analfabetas, collas y criollas. Mujeres de las que no se tiene registro, pero que por donde pasaba José de San Martín lo ayudaban.

P.: ¿Le fue fácil entrar en la piel de Macacha, una dama de la sociedad que pasaba a vestirse de gaucho para ir a los frentes de combate?

A.M.C.: Fue un personaje que he sufrido mucho más que Felicitas Guerrero oRegina Pacini, que todos los otros. Fueron tres años de tratar de meterme en el alma de esa salteña, de intentar saber cómo pudo haber sido, y cómo pudieron haber sido sus días. Traté de imaginar sus monólogos interiores y los que podía escribir en un diario, diario que invento, porque que yo sepa no existe. Tuve que plantearme cuál era el compromiso que la unía a su hermano para actuar como actuó.

P.: Además es una mujer que se casa joven con un miembro del patriciado que se había ido forjando en esa provincia.

A.M.C.: Me costó entender la relación con su marido, Román Tejada, hijo de una de las familias más tradicionales y antiguas de Salta (del que se habla bastante mal allá), con el que se casó a los 16 años y vivieron juntos hasta la muerte, durante mas de sesenta años. Me tuve que preguntar cómo Macacha dividía sus días entre la casa y las luchas en el afuera. Qué le sucede cuando se viste de varón para salir a ese otro mundo que es su compromiso fraterno y con el país que está naciendo. Le debe haber sido muy difícil conciliar esos dos mundos. Me preguntaba cómo era el amor en el siglo XIX en un territorio que estaba intentando dejar de ser una colonia, cuando los hombres de esa zona se iban al Alto Perú de parranda, y volvían a los seis meses.

P.: ¿Eso la sorprendió?

A,M,C.: No, lo que me sorprendió y me pareció injusto es que en la Catedral de Salta, donde están la cenizas de todos los héroes salteños, empezando porGüemes y su mujer, Carmencita Puch, la Macacha no está. Y nadie me supo decir dónde está enterrada.

P.: ¿Por qué hace aparecer en su novela un personaje metafórico que pareciera estar personificando algo que trasciende el momento histórico?

A.M.C.: Una de las personas con las que charlé para empaparme de la historia salteña, me preguntó si iba a escribir sobre la historia irresuelta de la Argentina. Acaso ese tema lo haya puesto en mi libro en un personaje colectivo, el de «las tejedoras». Para pensar ese personaje me ayudó el libro de un antropólogo norteamericano que estudió cómo en sus tejidos las mujeres incas escribían de forma simbólica su propia historia y la historia de su gente. Además, me importa llevar a escena personajes que aparecen en la letra chica de la Historia.

P.: ¿Fue por experiencia personal que logra en su obra mostrar los escenarios salteños de forma palpable?

A.M.C.: Yo no conocía Salta. Macacha es el primer personaje en mis obras que no se ubica en Buenos Aires. Soy porteña y meterme en la geografía salteña era entrar en otra realidad, en otro mundo. Un 16 de junio fui a la «Guardia Bajo las Estrellas», homenaje que todos los años se hace en la Quebrada de la Horqueta donde cayó moribundo Martín Miguel de Güemes y los gauchos lo velaron. Es un rito conmovedor que remite a lo que ocurrió aquella noche de 1821: se guitarrea, se recuerda la epopeya de Güemes y su ideario, se comparten empanadas y se toma mate. Allí le pregunté a uno de los que habían hablado del héroe: ¿cómo es Salta? Usted tiene que conocer «su» Salta, fue su única respuesta. Y así fue que me adentré en esa tierra que es también la mía, pero donde se ve cada una de las culturas que la forjaron, donde se mezcla la tradición española con la de los pueblos originarios. Recuerdo que mi charla con la gaucha Arminda Tapia (así se me presentó la Campeona de la humita) me hizo pensar que la Salta de mujeres fuertes, de armas tomar, viene de lejos, y es fácil encontrarse con «las macachas de hoy».Arminda me invitó a ir a Amblayo a la celebración de la Virgen de la Candelaria. Ese viaje me mostró el sincretismo entre devociones católicas y veneraciones indígenas, me enteré de leyendas y dichos. A una viejita que estaba en su rancho rodeada de soledad le pregunté qué hacía, me contestó: «Y, me la paso pensando y despensando». Para poder escribir mi novela sobre Macacha Güemes tuve que llegar a andar por donde no hay calles ni hoteles, y dormir en el piso de una escuela, acaso para sentir qué era tener raíces allí. Por eso mi novela tiene emoción y admiración por Salta. Y por esa Macacha que allí siguen llamando «la madrecita de los desprotegidos».


P.: ¿Por qué todos sus libros están dedicados a mujeres?

A.M.C.: Mi literatura es una literatura femenina. Pero si bien soy una defensora de los derechos de las mujeres, me interesa trabajar sobre los grupos minoritarios, sobre los que han sido silenciados. Mi segundo libro lo dediqué a un hombre, aCristian Demaría, juez incorruptible que en 1875 hizo su tesis doctoral sobre la condición civil de la mujer, y hasta el día de hoy sigue siendo silenciado.

P.: ¿Después de Machacha cual será la próxima mujer que novelará?

A.M.C.: Tengo montones de personajes femeninos en vista, pero por el momento me estoy reponiendo de mi pasión por Macacha. Si bien hasta ahora traté de mujeres de nuestra historia, puede que en el futuro me dedique a los aborígenes, que ya aparecen en éste libro, a los esclavos, a los que no están en la páginas que escribieron los que ocupan el poder, y que sin embargo se jugaron la vida. Ahora, tal vez, me gustaría alejarme aún más en el tiempo y en el espacio. Acaso usar mi especialización en el Siglo de Oro, que fue mi master en la Universidad de California, irme a esa época un poco como descanso.

P.: ¿Cómo ve la situación actual de la novela histórica?

A.M.C.: No me lo he preguntado, además creo que lo mío no es novela histórica. No es Historia, es novela. Si bien el disparador es un hecho histórico el relato no tiene el rigor de la investigación histórica, de lo profusamente documentado. Me pasó con mi novela sobre Felicitas Guerrero que creyeron que era historia, y no es así. Y no es así porque en el caso de esas mujeres no sabemos con exactitud cuál fue la historia real. No hay documentos que digan que Felicitas tuvo esa infancia, esa adolescencia. Tampoco lo sabemos de Macacha. Es muy probable que haya sido como lo cuento, pero no está la certeza. Siempre se me escapan datos que cubro con ficción, y con lo que sé luego de haber estudiado mucho la vida cotidiana, la historia de la cocina, del vestido, de haber estudiado la moda que es una forma de comunicación femenina, algo que comencé a investigar en Madrid, en la Real Academia, en 1980.

P.: ¿Que relación tiene su novela biográfica con la película que se hizo sobre Felicitas Guerrero?

A.M.C.: Ninguna, el tema está en manos de la justicia. En 2003 me citaron para contratar los derechos de autor de mi novela. No se llegó a nada. Luego de unos años apareció la película sin ninguna mención a mí o a mi obra. Veremos qué va a pasar.

Entrevista de Máximo Soto
Fuente: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=575091

*Escritora argentina.

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